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Ni siquiera con la futura constitución europea los niños españoles disfrutarán del estatus quo que los europeos tienen cuando sus padres se divorcian. La custodia compartida sigue siendo el eslabón perdido de aproximación a nuestros países vecinos y deja al capricho de los gobiernos de turno, el preservar el derecho o no de los hijos de separados a mantener, el cuidado compartido, del que dispondrán antes de la separación de sus padres.
A pesar de que la pieza fundamental del individuo es su familia, en España, parece que eso puede obviarse y que podemos contribuir a la formación de una Europa igualitaria, sin solventar nuestra mayor lacra: los 200.000 niños que anualmente se quedan, de hecho y de derecho, sin padre en los juzgados españoles. En un países donde no se cuida la infancia y sus mas fundamentales derechos, donde las políticas sociales y de apoyo a la familia son tan escasas como ridículas, donde los niños no cuentan porque no votan, algo va mal. Debemos exigir, a nuestros legisladores, leyes que sirvan de instrumento para que los jueces de familia puedan defender, a capa y espada, los derechos de los niños españoles a la custodia compartida, y que la familia, aunque se disuelva el matrimonio o la pareja de hecho, siga manteniendo sus lazos y así, los padres y los hijos lo sigan siendo de forma plena, aunque los padres están separados entre ellos. Es una gran pena un que un país malviva, mirando hacia otra parte, mientras las familias se resquebrajan por intereses mezquinos de unos e incompetencia de otros. La violencia y el fracaso escolar ente los menores, el acceso a las drogas cada vez a mas temprana edad, el desarraigo familiar, el egoísmo y la salud desordenada de nuestra sociedad, son el producto de arrastrar leyes antiguas a circunstancias actuales, provocando sentencias aberrantes, el mismo día que votamos un proyecto común europeo. Resulta, cuanto menos, chocante. PANORAMA ACTUAL |