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 SOBRE MI HUELGA DE HAMBRE DELANTE DEL MINISTERIO DE JUSTICIA En los medios de comunicación, así mismo en los diferentes foros y páginas Web de nuestro movimiento, y no por último en la misma entrada del Ministerio donde estoy acampado y donde sigue viniendo gente para hablar conmigo, mucho se ha hablado sobre el sentido (o sin sentido) de una huelga de hambre en general, y de mi huelga de hambre en especial.
Yo personalmente creo que mi acto de protesta ha servido, como una gota más, para sensibilizar la opinión pública, gracias al impacto mediático que ha tenido, respecto a las reivindicaciones por las que todos estamos luchando. También me ha permitido, a nivel personal, tener experiencias humanamente muy lindas y positivas (todos los vecinos del Ministerio, como también con muchos compañeros de lucha). No creo, al contrario, que en cuanto al objetivo principal de mi huelga y protesta, es decir volver a estar libremente con mi hija, haya conseguido ventaja alguna. Los Jueces y Fiscales, de todos modos, dicen y hacen lo que les da la gana; saben perfectamente que son unos dioses intocables; encima de ellos no hay nadie, excepto quizás una presión de la opinión pública muy fuerte. Muchos compañeros que me han acompañado durante las seis semanas que lleva mi hambruna, y que han visto complacido que ésta se mantenía dentro de ciertos límites relativamente razonables (de hecho, "tan solo" he perdido un 10% de mi peso habitual), ahora aseguran que sería un error seguir perjudicando más seriamente mi estado de salud física, psíquica y mental. Argumentan, además, que para nada le sirve a Valentina tener un papá muerto de hambre, y que, más bien, matarme de esa manera sería una auténtica locura. Por lo que veo, el 99% de todos los que opinan al respecto piensan igual y sugieren una salida rápida a esta situación cada vez más dramática. YO, NO. El 15 de octubre de este año, cogí, sin previo anuncio, ni coordinación alguna, mi mochila y una tienda de campaña y me fui a Madrid para iniciar mi rebelión contra la persecución política, jurídica y mediática que sufrimos nosotros hombres y padres separados en España. Para mí fue y sigue siendo una cuestión de dignidad: la dignidad de un solo individuo frente a la aplastante arrogancia e injusticia de un estado que me ha robado a mi hija y que me quiere criminalizar a toda costa en base a sus leyes totalmente discriminatoria, inconstitucionales y moralmente aberrante. ¿Qué debo hacer? ¿Ceder? ¿Convencerme de que ninguna huelga de hambre podrá cambiar el estado de cosas en este país? Lo siento, no puedo. Los canallas as que me hicieron esto (me refiero a los políticos, al lobby radical feminista y a los jueces y fiscales, que no en primer lugar a mi ex mujer) deberán llevarme a un hospital y alimentarme a la fuerza. Solo entonces yo tendré algún día el valor de decir: hija, hice todo lo humana y pacíficamente pude hacer: para estar cerca de ti, me voy a vivir a un país donde no quería vivir, me desgasté en innumerables abogados (entre lo civil y lo penal, entre España y Costa Rica), me arruiné económicamente, me enfrenté al poder más hipócrita de toda Europa y acabé enchufado en un hospital madrileño. Quiero agradecer a todos aquellos que me han apoyado anímicamente durante estas semanas con llamadas telefónicas, correos electrónicos, y también materialmente aquí en Madrid. Espero que haya en el futuro cada vez más hombres y mujeres que participen en las manifestaciones como las de Valencia y Sevilla y otros actos de protestas. No escondo pues mi opinión que el movimiento aún debe ganar más fuerza para lograr finalmente sus objetivos. Richard Monteghepardi Tlfno. 628.04.11.25 E-mail: todosconvalentinaysupapá@gmail.com CLICK Para Mas información.
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