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Como presidente de la Plataforma por la Igualdad y la Custodia Compartida, que agrupa a más de 20 asociaciones en todo el Estado español, me siento obligado a replicar el texto aparecido en su periódico el del día 7 junio de 2006 con el título obras son amores. En el mismo y al amparo de una supuesta ideología feminista se dejan caer generalizaciones de tipo sexista y denigratorio para el colectivo de padres que luchan por la custodia compartida, a los que se acusa de agresores y otros términos análogos. Afirmaciones como que la custodia compartida es mecanismo de presión, de instrumentalización de los hijos, un obstáculo para el derecho de las mujeres al divorcio, o moneda de cambio para pensiones más bajas, revelan una visión ajena a las aspiraciones de la sociedad española actual, a la igualdad, a al interés de los hijos. Tales afirmaciones y el tono mismo del texto revelan más bien una visión antigua, porque lo que esconde es justamente el patriarcado, con arreglo al cual la crianza corresponde a la mujer, y con ella todo lo demás que desgraciadamente todavía lastra inercialmente a la justicia española. Eso se delata también en el tono esencialista de ese feminismo cuya esencia, como la de la mujer, parece conocer únicamente la firmante del texto. Desde Platón sabemos que ese discurso es fuente de peligrosos dogmatismos. Quien tal afirma parece olvidar que el género no es sin más biología, sino una construcción cultural (como recordó una vez más hace ya años con enorme lucidez Judith Butler) y tampoco parece comprender que la cultura que asigna la crianza a las madres, el rol violento a los padres, o que se desliza hacia el victimismo, es otro corolario de la ideología del patriarcado y que en nada ayuda a sanear las relaciones entre hombre y mujer, sobre todo si se califica como agresor al padre que lucha por estar con sus hijos más allá de 4 días al mes, al padre que lucha por dedicarles su tiempo y su afecto.
Vicente Serrano, Presidente de la Plataforma por la Igualdad y la Custodia Compartida, Sevilla la Nueva (Madrid).
EL PAIS
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