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04.04.2006

JOSE MANUEL AGUILAR CUSTODIA COMPARTIDA PANORAMA ACTUALEl actual sistema judicial español de familia se está mostrando incapaz de resolver pacíficamente los procesos de ruptura de pareja . “Los niños son un objeto que arrojarse. Cuando ya nada queda que lanzarse a la cabeza siempre están ellos (…) y son reclutados por uno de los progenitores como parte del bagaje que usará contra el otro”. Así lo constata diariamente en su consulta el psicólogo clínico y forense José Manuel Aguilar y nos lo relata en su libro “SAP, Síndrome de Alienación Parental”. Hijos manipulados por un cónyuge para odiar a otro.

Los hijos son utilizados en demasiadas ocasiones como rehenes de alguno de sus progenitores. Además, con una estrategia, más o menos sutil, se les predispone y alecciona para incluso odiar a su otro progenitor. Así, explica Aguilar, “llegarán entonces las falsas acusaciones de agresión sexual o los obstáculos para que se lleven a cabo las visitas. Los hijos se convierten en la infantería en la batalla contra el otro progenitor”.

Esta situación ha sido objeto de tipificación psiquiátrica. Técnicamente se la conoce como Síndrome de Alienación Parenteral (SAP), un trastorno por el cual “un progenitor transforma la conciencia de sus hijos, mediante distintas estrategias, con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor”, como lo define el experto.

En el libro de Aguilar se atribuye a Richard Gardner, Profesor de Psiquiatría Clínica del Departamento de Psiquiatría Infantil de la Universidad de Columbia (EE.UU.), la autoría de la primera definición del SAP, llevada a cabo en 1985.

Richard Gardner definió el SAP como “un trastorno que surge principalmente en el contexto de las disputas por la guardia y custodia de los niños. Su primera manifestación es una campaña de difamación contra uno de los padres por parte del hijo, campaña que no tiene justificación. El fenómeno resulta de la combinación del sistemático adoctrinamiento (lavado de cerebro) de uno de los padres y de las propias contribuciones del niño dirigidas a la denigración del progenitor objetivo de esta campaña”.

Estas situaciones se producen generalmente tras procesos de separación y divorcio muy conflictivos. Su promotor o causante, el progenitor alienador, en casi la totalidad de las ocasiones, es el que tiene adjudicada la custodia legal de los hijos.

Actitudes del niño

La conducta y actitud de estos niños puede llegar a ser de una crueldad absoluta hacia el progenitor víctima del SAP.

Estos niños asumen las ideas y actitudes del progenitor alienador como si fueran suyas. En ningún momento llegan a sentirse alienados y manipulados. El sentimiento del niño provocado por el progenitor alienador “se concibe como propio, el hijo se reviste de una personalidad que cree autoelaborada, de tal suerte que resulta impermeable a las influencias de los demás”, afirma José María Aguilar.

La realidad psicológica del niño alienado es muy compleja, seguidamente describiremos, siguiendo a José María Aguilar algunas de las conductas más características.

Su actitud no es pasiva, es claramente beligerante. Tratan a su progenitor, no ya como a un enemigo, sino “como a un desconocido odioso cuya proximidad sienten como una agresión a su persona”.

Alcanzado este nivel de alienación la labor del progenitor alienador es mínima, ya no se requiere una instigación puntual. Se ha producido la culminación de la alienación y el niño actúa solo.

El único sentimiento que siente ese niño hacia su otro progenitor es el odio, ni más ni menos. “El hijo alienado muestra un odio sin ambivalencias, sin fisuras ni concesiones. Un odio que sólo puede ser equiparado con el fanatismo terrorista”.

Este odio y rechazo se proyecta y se extiende sin excepción a toda la familia de su progenitor, abuelos, tíos, primos, con los que siempre mantuvo una gran relación de afectividad, como resulta normal en todos los niños.

Sin embargo, siguiendo con esta lógica cruel, el progenitor alienador surge como un ser perfecto, “su imagen es pura, completa e indiscutible, ante la cual cualquier alegato o afrenta se vive de modo personal e imperdonable”.

La defensa del progenitor alienador es superior a cualquier razonamiento lógico, nada le convencerá de que no es así. José María Aguilar, relata en su libro un caso que trató en su consulta, y que nos muestra esta cerrazón total. “Cuando un hijo, que continuamente se quejaba de que su padre jamás había intentado ponerse en contacto con él, tuvo que enfrentarse en mi despacho a cerca de una treintena de burofax que su madre había rechazado durante el tiempo que no habían tenido contacto, comenzó a alegar que su progenitor únicamente lo había hecho para justificarse como “buen padre”.

Cuando el padre le leyó el contenido de alguno de aquellos documentos, en los que le rogaba que le permitiera tener una conversación telefónica con su hijo el día de su cumpleaños, el menor respondió argumentando que su madre siempre hacía lo que consideraba mejor para él”.

El hijo alienado, asombrosamente, muestra una total ausencia de culpabilidad. El odio inducido del que es víctima y verdugo, no olvidemos ambos extremos, es tan poderoso que elimina todo rasgo de culpa, “lo que permite a los menores alcanzar los niveles de denigración más irracionales”.


TODOS SUFREN

La explotación económica del progenitor odiado forma parte de esta praxis de odio. Todo sacrificio económico que pueda realizar este progenitor jamás será valorado y siempre será considerado como una obligación.

Esta situación producida por el SAP resulta dramática. La realidad es que sufren todos, y todos son víctimas.

El progenitor alienador padece una patología psicológica cuyo origen es muy diverso y que desde luego le impide todo disfrute normal de la vida. Es un enfermo. Sufre y hace sufrir.

El hijo alienado, el niño, porque la gran mayoría son menores de edad, se ve desprovisto del cariño y de la atención que todo niño requiere y demanda de ambos progenitores. Odia a uno de ellos. Es una víctima y es asimismo, un enfermo, padece el SAP.

Por último, el progenitor odiado, padece la incomprensión y el odio de uno de los seres que más quiere en su vida y con el que se relacionaba maravillosamente.

Las situaciones existenciales que este síndrome conlleva son desgarradoras. Todos conocemos o hemos oído hablar de ellas. Abuelos que se mueren sin ver a sus nietos, padres que desconocen todo sobre sus hijos, soledad y mucha angustia en todos los implicados.

Los psicólogos y psiquiatras así como los abogados de familia son los profesionales que mejor conocen estas situaciones; se enfrentan a ellas diariamente y no deja de afectarles tanto sufrimiento en un ámbito tan íntimo y entrañable como ha de ser la familia.

La sociedad está tomando conciencia de este desgarrador síndrome. Se ha comenzado a intervenir en dos ámbitos, en el de la psicología y en el de la justicia.

En el primero de ellos cada vez se conoce mejor la personalidad patológica del alienador y su posible curación y la forma de tratar al alienado. En el ámbito jurídico, los tribunales han empezado ya a valorar estas situaciones, tomando las medidas jurídicas procedentes en derecho.

En fin, a ése niño alienado y enfermo, únicamente podemos decirle, al menos desde el corazón: ama a tu madre y ama a tu padre, los dos te quieren, te han dado la vida; se niño, se feliz.

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