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La Guardia Civil impide que un carpintero de La Pedrera muera calcinado en su coche |
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17.12.2008 |
La Guardia Civil impide que un carpintero de La Pedrera muera calcinado en su coche Juan D. había avisado a sus compañeros de que no iba a ir a trabajar porque estaba «pasando un mal momento»
R. GARCÍA Juan D., un carpintero de la parroquia de La Pedrera de 50 años, salvó ayer su vida de milagro. La Guardia Civil lo rescató cuando se encontraba dentro de su coche, un Renaul ZX al que acababa de prender fuego. Los agentes de la Benemérita consiguieron sacarlo minutos antes de que el vehículo explotara debido a la carga de gasolina que transportaba. Hasta el lugar de los hechos se desplazó un equipo de emergencias sanitarias que atendió al herido en una uvi móvil y que una hora más tarde lo desplazó hasta la unidad de quemados del Hospital de Getafe.
El pasado domingo Juan D. había expresado a un compañero de una nave industrial cercana a la suya, en la parroquia de La Pedrera, su intención de no acudir ayer a trabajar. «Dijo que no se encontraba bien», comentaba ayer uno de los vecinos que acudieron a la zona alarmados por la fuerte humareda. «La explosión del coche nos sobresaltó», aseguraban. El vehículo incendiado produjo una gran columna de humo negro y una fuerte explosión que consiguió alertar a los vecinos de la zona rural gijonesa. La rápida y efectiva intervención de los agentes de la Benemérita pudo evitar una desgracia.
La víctima estaba divorciado y tenía un hijo joven. «Cuando llamó a su compañero dijo que no le veía salida a nada», comentaban minutos después del suceso los aún impresionados vecinos. El pasado lunes, 24 horas antes de incendiar su propio coche, la víctima había llevado los muebles del piso en el que vivía a la nave industrial en la que trabajaba y había expresado a algunos de sus conocidos y amigos la mala situación personal por la que estaba pasando.
El protagonista del suceso llevaba varios años trabajando como carpintero en la parroquia de La Pedrera, en la zona rural gijonesa, aunque vivía en el casco urbano de la ciudad. Los vecinos de la zona, que trataban con él en el día a día, lo definieron en la mañana de ayer como una persona «tranquila y calmada». «Un hombre que no se salía de lo normal y del que nunca nos hubiéramos esperado algo así», aseguraba la vecina de la parroquia gijonesa.
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